Poesía para el fin del mundo
Si supieras que el mundo se acaba, quizá te sumirías en una tristeza o un miedo paralizante, te entregarías con furor suicida a un hedonismo adolescente, o saldarías cuentas con el pasado, zurciendo errores, hilando promesas por cumplir o poniendo en orden tu mobiliario emocional. No podemos saber cómo reaccionaríamos ante lo inevitable, pero sí que lo haríamos con más serenidad que cautivos de la incertidumbre. Tememos lo que ignoramos. Ante lo certero, no hacemos planes, nos sentamos, con docilidad, a la espera de que el tiempo nos alcance. Algunos, como Mrinank Sharma -hasta ahora cosiendo algoritmos en cajas negras- lo hacen con un buen libro de poesía. ¿Por qué ese género? Intuyo -a saber el porqué- que leer novela o ensayo es como redundar en el profano destino que te espera, subrayar su prosaica realidad. La poesía, por el contrario, te sumerge en el misterio, haciéndolo accesible, casi deseable. Lo inevitable ablanda su rígida geografía, y de la incertidumbre emerge un arc...