Es el rostro que mira

Traje impecable, moderno y elegante, con accesorios mínimos. Iluminación cinematográfica, con sombras suaves que enfatizan su personalidad segura. Fondo de set de estudio elegante con un degradado refinado o foco suave, dando un aspecto premium, editorial. Ambiente estiloso, de clase alta, con frescura natural, como una sesión de revista de lujo.

Ningún adjetivo me define. Mi atrezo es descuidado. Carezco de elegancia, menos aún refinado, sin porte estiloso. ¿Frescura natural? Quizá si la definimos como tendencia a una agreste fachada... ¿Seguridad? Impostada. Nada hay en este prompt en el que pueda reconocerme. Y ahí está la gracia del divertimento. En la extrañeza de verme de esa guisa sin creerme capaz de embutirme en esa percha. Cuento con los dedos de una mano las veces que me vi en un papel similar. Bodas a veces, nunca bautizos y comuniones.
La IA es melosa, complaciente, traviste la identidad en un juego de espejos algorítmicos. Ese no eres tú. ¿Y qué imagen lo es? A mínimo que te esfuerces por mirar de cerca tu rostro tras el grano digital, no te reconoces en aquel que habita ese encuadre, por mucho que simule desdoblarse en ti. A saber quién eres. Hoy te pareces al de ayer. Mañana no tanto. ¿Quién serás en unos días? La extrañeza no reside en la vestimenta. Es el rostro que mira el que muta.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Si existe un afán

2 de mayo

No hay tregua para quien llega