Diane se fue, Annie queda

Uno no lleva la cuenta de las estrellas que se apagaron. Puedes verlas rutilar en la negra noche y estar contemplando un fantasma. Están y no están, como el gato cuántico. La velocidad de la luz es similar a la de la vida. La ves pasar como el scroll en una red social. Ver y olvidar. Suerte que en el cine las estrellas permanecen congeladas en celuloide. Annie se fue y no se fue. Quien mira al cielo de la pantalla ve una estrella quizá mortecina, tal vez recién llegada. Poco importa. Brilla para nosotros, ahí y ahora, siempre. Y cada vez que lo hace trae consigo una emoción nueva. Nunca somos el mismo que habita la butaca del cine. Cada visionado nos delata.

¿Por qué me vino a la memoria esta escena? La sonrisa desinhibida de Annie. Será eso. El punctum revelador. Solo lo efímero y profano cala el tuétano. Los momentos intrascendentes nunca lo son.
Diane se fue, Annie queda.


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