No sé si es por aburrimiento o por deformación profesional, mientras hoy caminaba hacia una panadería que abre en domingo, me topé cerca de casa con esta marquesina -aristocrático y cariñoso apelativo para tan crematístico artilugio-. Paso casi cada día por allí, pero esta vez reparé en ella vete a saber por qué razón. No crea mi lector, no sin argumentos, que en lo que me fijé fue en la protagonista del cartel. Ni su leonina y prominente cabellera lubrica mis instintos, ni sé quién es, pese a que en la parte inferior izquierda se indique su nombre y apellido artístico y Chat GPT me informara con detalle sobre su exitosa carrera como cantante y actriz. Después de documentarme, sigo sin localizarla en mi archivo cultural. Cosas de boomer, diría mi hijo. Aunque le digo siempre que no soy boomer, sino de la generación X, él sigue insistiendo en que pertenezco a ese viejuno grupo en vías de extinción.
Me fijé en los dos textos, en su coherencia proposicional, no en la eficacia perlocutiva con la que los publicistas pergeñaron el eslogan y la pose artificial de la agreste cabellera de su protagonista. Nada en lo que un eventual paseante se fijaría. Pero como ya dije, en este y otros casos mi querencia por los esqueletos argumentativos primó sobre la prosaica floritura con la que los mad men de la quinta avenida idearon su cartel a la caza de potenciales clientes. Si este reparador capilar soluciona de una tacada tus problemas y no debes volver a usarlo hasta un año después, ¿por qué cuanto más lo usas… mejor te sienta? A no ser que el producto posea propiedades estimulantes, más allá de las que se espera de un ”acidic bandin concentrate”, ambos eslóganes se contradicen. O lo usas a menudo para sentirte mejor, o una vez al año y daño resuelto. ¿Le estarán dando a elegir al consumidor entre su bienestar emocional y la salud de su pelo? Más bienestar, más ingresos para la empresa. Más eficacia, menos ingresos. En fin, como dicen mis alumnos: Me estoy rallando.
Todo esto y seguro que algo más, pero ya no lo recuerdo, debí pensar cuando paseaba, ajeno a reclamos publicitarios, feliz en mi mindfulness matutino. Y aquí lo comparto, para que mi lector eduque su paciencia e infinita misericordia hacia mi persona.
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