La nave va. La vida va
La costumbre pesa. Aunque consumo streaming, aún sigo practicando el zapping. Hoy, recalé en Amarcord. La escena en la que el joven protagonista, por prescripción familiar, visita al confesor: ¿Sabes que San Luis llora cuando te tocas? Me hizo recordar mi primera confesión. Y la última. Hice la primaria en los Salesianos. Los curas habilitaron el cine del colegio como improvisado confesionario. Recuerdo la larga cola hasta llegar a la butaca donde el confesor me esperaba. Tus pecados, hijo. No supe qué decir. Por mucho que el sacerdote intentó sonsacarme mis veniales contradicciones de adolescente en ciernes no logró conseguir de mí media palabra. Frustrado ante lo que quizá interpretara como timidez o vergüenza pecadora, hizo el gesto acostumbrado y animó al siguiente a ocupar mi sitio. No es que yo despreciara la confesión como un acto de terapia purificadora. Lo que veía absurdo es hacerlo con alguien que no conocía ni me inspiraba respeto o admiración. Uno no cuenta sus intimidades a cualquiera. Hacerlo me parecía una frivolidad. La intimidad debes ganártela.

Hola me gustaría q los eruditos en lenguaje no emplearais palabras tan horrorosas como"streaming "zapping" etc...gracias
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