El rostro no nos pertenece

El rostro no nos pertenece. 

Lo va esculpiendo con sentido del humor un azaroso artesano, obviando con indolencia nuestras impotentes recomendaciones. 

Uno tan solo puede amoldar su alma a ese extraño que irrumpe en el espejo. Y reír ajeno a los espejismos del deseo y las inclemencias del tiempo. 

Un caleidoscopio de retratos en constante mutación moldea esa ilusión que llamamos yo. 

Solo una instantánea importa, la presente. El resto es niebla. Nuestra, pero niebla.




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