12 de octubre
A las puertas del 12 de octubre, lo confieso, hace tiempo que para mí las fiestas no son ni santas ni laicas, tan solo un sano ejercicio de epicureísmo. El único ritual al que imploro es la beatifica horizontalidad del ocio, la improductiva entrega al paso de las horas, sin más hacienda que ventilar el alma de quehaceres e imperativos. A ello me entrego con el éxito relativo que la díscola voluntad me concede. Tan acostumbrado ando a prestarme a arduas empresas que tengo mal entrenado al cuerpo en la necesaria gimnasia de no hacer nada. Pero me esfuerzo en no esforzarme. Lo prometo. A ello dedico con indolente modorra la fiesta de uniforme o sotana. Lo mismo me da. No amanece esos días en mí ardor patriótico ni visión divina. Tan solo el diligente reto de redimirme de mi solvente disponibilidad. Aquí abandono mi pluma, que no es pluma sino teclado, que si sigo no paro y si no paro me contradigo.
Comentarios
Publicar un comentario