Paquetes
Catalogarnos en paquetes generacionales es un recurso arbitrario, pero estimulante. Nos hace sentirnos parte de un conjunto de costumbres y problemas compartidos. Hoy, me entero que este año ya hay nueva generación a añadir a la lista, la beta. Yo creía que la alfa iba para rato, pero no. Esto de la tecnología hace que todo, incluso las generaciones, duren lo que un suspiro. Los alfa, que campan en este mundo convulso -¡cuál no!- desde 2010, hijos de los ya talludos millennials, parvularios algunos, otros pasean sus móviles por los institutos, creyendo ingenuamente que eran la generación más joven del planeta. Pues no. Desde ya y hasta el 2039 pasan a un deshonroso segundo puesto.
Lo nuevo torna en añejo. Nuevas jergas vendrán para hacerlos sentir mayores, ellos que creían que una película con 5 años de vida era un clásico. La vida pasa, todo lo arrasa. Convicciones, creencias, todo. Lo que ayer nos parecía formidable, hoy revela una capa de caspa inconfesable. No hay más tiempo que el que se nos regala en cada instante. Y ese también muta apenas nombrarlo. Quizá por eso adoramos a los bebés. Vemos en ellos ese tiempo prometedor que ya no es nuestro. Y sin embargo, qué bella esta vulnerable naturaleza la nuestra. Citaba Yourcenar en su deliciosa Memorias de Adriano: Los dioses envidian la mortalidad humana. Solo lo perecedero puede inspirar belleza, gratitud, deseo.

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