Como un tenaz mirmidón
Como un tenaz mirmidón, me entrego con diligencia al profano ejercicio de estas refrescantes libaciones. No penséis que descansar del afán diario está exento de voluntad. Al contrario, a mínimo que uno se relaje supura con involuntario descaro la espartana responsabilidad, que con impertinencia te recuerda que debieras estar trabajando y no aquí, a resguardo de sudores y requerimientos. La hormiga que habita en mí agita sus antenas, buscando cómo turbar mi alma de solícito empleado. Cuesta no escuchar sus demandas. Ulises se amarraba a un mástil. Yo saboreo ceremoniosamente la cebada proverbial, cerrando los ojos, fingiendo que no tengo prisa ni agenda. Cada cual hace uso de sus improvisadas tretas. Si la cosa funciona…

Comentarios
Publicar un comentario