Se nos fue la luz
Se nos fue la luz. Su ausencia resucitó dormidas costumbres. Ceder a la calma del instante, sin la letanía de tuits, un lamento de mensajes, las atronadoras voces digitales. Se fue la luz. Vino el silencio. El cuerpo rendido al peso indoloro del tiempo. La molesta quietud que nos atraviesa, hiriendo el espejo donde nos miramos. Un libro sobre la mesa de un patio, el zumbido del tráfico no lejos de allí, un pájaro discutiendo con el aire. Poco más. Hoy no hay luz, ni wifi. No hay reclamos. La tarde suspendida. Una leve molestia teñida de inocente distopía. Los shandys de Vila-Matas me esperan. Literatura portátil en un día de portátil compostura. Baila al viento el toldo del patio. Un municipal dirige un tráfico sin semáforos con el molesto pitido de un silbato. Ha vuelto la luz, dice mi hijo. Cierro el libro y me levanto. Apagón que el alma enciende, pienso, no es apagón si en ella prende.

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