Los 10 de antes

Los 14 de ahora quizá sean los 10 de antes. La infancia se alarga, el eco nada prometedor de la edad adulta aterra al adolescente, que intuye que esos años de rosas digitales acabarán, heridos por la indolente premura de los días. Las familias lo saben y temerosas estiran el letargo de una infancia confusa. El mundo que viene no lo entiendo, tampoco el presente que nos fulmina. Retrasemos el sacrificio de la inocencia. Entreguemos tarde a nuestros hijos a la furia desatada de un futuro que no espera. No hay prisa. Que dancen alegres en el opio de sus pantallas, ajenos al estruendo de la calle. Mejor en la escuela. El instituto es un arma cargada de incertidumbre, eco de un afán interminable. Retrasemos el infortunio esperado. Protejámosles de la fiebre de alzarse al mundo, torpemente, tan audaces como incautos. Goce en casa de su placenta de algoritmos, no en esa selva que desgarra toda promesa de esperanza, y nos roba al niño devolviéndolo sombra errante, esqueleto precariado, hijo de su tiempo, no nuestro. Dos años, regálennos dos años más, cobijados, a nuestra vera, aunque sea esta alegría espejismo y sueño, miedo a verles partir sin pertrechos ni voluntad, desnudos del alma oscura que piden estos tiempos. Canten esas sirenas otra noche, no esta.


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