La biografía manda sobre la voluntad
La biografía manda sobre la voluntad. Viví siendo niño en el norte. Llover era un acto irrenunciable al que la naturaleza nos sometía con indolente contundencia. Te quejas solo unos días. Cuando caes en la cuenta que lo esperable es que llueva, dejas de luchar contra los elementos y te entregas a la climatología adversa con dócil predisposición. Agradeces el sol como un don beatífico, con la humilde sabiduría del que sabe que mañana volverá la acostumbrada ventisca.
Ya adolescente me mudé a Extremadura. El proceso de habituación fue inverso: no ceder a la lipotimia, aguantar la bocanada de aire caliente. Los días de lluvia se me antojan desde entonces un alivio. Inevitable recordar mi infancia bajo el gratificante aguacero y sonreír. La biografía manda sobre la voluntad.
La foto la saqué la tarde de paseo de ayer. No llovía en Badajoz (el agua es la de una fuente). Sí hacía un tiempo desapacible, premonitorio. Hoy sí llueve. Lo hace con paciente insistencia, sin acritud. Escribí estas letras resguardado. La literatura se teje bajo techo, después de la tormenta o a salvo de ella. Vivir para contarlo.

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