El buen lector

Un buen lector vive por encima de sus expectativas. La realidad no va con él. Compra lo que no podrá leer. Relee libros que leyó hace años mientras libros sin leer esperan ser leídos. Sueña con leer libros que nunca leerá. Cree haber leído libros que nunca leyó. Leyó libros que no recuerda haber leído. Lee varios libros a la vez que nunca termina. Se le atragantan libros que creyó que le gustarían. Se resiste a abandonar libros que no le gustan, pero creyó que sí le gustarían. Dice haber leído libros que sabe que nunca leyó. Niega haber leído algunos que sí leyó. Niega haberle gustado algunos que le encantaron.

El buen lector tiene libros repetidos y no sabe que los tiene. Cree tener en su biblioteca libros que no tiene. Se acerca a una estantería y hace el amago de empezar a leer un libro que nunca leerá. Le encanta ir a una librería y no comprar ningún libro. Le encanta ir a librerías y llevarse varios libros que sabe que no leerá.
El buen lector deja reseñas en redes sociales de libros que no leyó o nunca terminó. Le encanta guardar fotos de portadas de libros que dice comprar algún día y nunca comprará. Disfruta hablando con los amigos de libros cuya trama ya no recuerda e inventa. Asiente cuando un amigo le comenta un libro, como si entendiera de qué habla.
El buen lector es un hábil fingidor, un equilibrista del simulacro. Un mentiroso venial. Ama lo que no alcanza. Dice entender lo que no comprende. Se deleita en la sensación que le dejó un libro y que ya no siente. Dice sentir lo que no recuerda. El buen lector disfruta del olor de los libros, pero todos le huelen igual. Confunde o inventa títulos y autores. Cita fragmentos que no existen o son de otros autores, de otras tramas. El buen lector tiene en su cabeza una imagen de personajes que el autor nunca describió de tal forma. Confunde escenas del libro con las de su versión cinematográfica. Disfruta imaginando en su cabeza lo que no está en los libros que leyó, pero dice estar en ellos. El buen lector no es de este mundo. Habita un espacio sin materia ni tiempo definido que moldea constantemente a libre albedrío. No hay nada más molesto para el buen lector que una realidad meridiana e imperecedera.

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