Un minuto apenas

Apenas dista un minuto entre una foto y otra. Tiempo suficiente para que la tenue luz de la mañana dote a la escena de un dorado prometedor. Saqué estas fotos desde la ventana de un hotel en Toledo. Antes de desayunar, decidí dedicar unos minutos a contemplar la escena. Justo en ese instante donde la luz aún no ha alcanzado su previsible intensidad y en pocos segundos obra ante mis ojos su prodigio. Pasado un minuto, ese fugaz juego de tonalidades se detiene, dando paso a la prosaica luminiscencia de la mañana. Si no estás en ese preciso instante que dura apenas unos segundos, dirías que la mañana se enciende como lo hace una bombilla, sin arbitrio de este tímido preludio. No hay palabras para expresar la sensación que provoca ser testigo de esta fungible maravilla. Las fotos evocan, dan fe, pero no hacen justicia al placer de experimentar el instante de ese bello tiempo entre la noche y el día, donde lo que se irá no se ha ido aún y lo que vendrá se resiste a asomar.




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