Nunca dócilmente

Viendo All That Jazz, pienso en Fellini y su 8 y medio. Ambas obras bucean sin botella de oxígeno en las contradicciones del artista, sus fantasmas irrenunciables. Y pensando en ello caigo en la cuenta de que en estos momentos estoy leyendo el último libro de Vilas, que transita por la misma escabrosa senda, y cómo la inevitable huella de lo biográfico se cuela sin pedir permiso en las venas de toda obra, como un virus que al mismo tiempo que inyecta inspiración mata lentamente a su huésped.

Pensaba en que no debe ser casualidad que estas tres obras confluyan para mí en un mismo tiempo. Debe existir una inconsciente necesidad en esa constelación, una causalidad que la invoque. Quizá mi edad sea el prosaico detonador de esas evocaciones. 56 años, pre coda vital, hedonista y crepuscular, miro con serena indolencia el catálogo de vivencias y brindo por las venideras. Buen momento para hacer estoico repaso de fantasmas y salir a desfacer entuertos sin más arbitrio que la imaginación. Por la única y merecedora razón de darse el gusto y limpiarse sin purgatorio, con una sonrisa en los labios, el polvo del pasado. “No entres dócilmente en esa buena noche”, reza el poeta. Nunca dócilmente.

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