Un plató de cine
Hoy paseé por la Plaza Alta de Badajoz para vagabundear entre los puestos de comida y baratijas del improvisado zoco de la Al-Mossassa, evento anual que emula un mercado árabe. Lo complementa algunas charlas culturales durante el fin de semana.
Cuando salía de la plaza, calle Moreno Zancudo abajo, descubrí entre las arcadas a este hombre, distante del bullicio, al fondo de una tetería, maqha (مقهى), también improvisada, como un plató de cine. Y se me antojó este evento artificioso, plastificado, cuando se compara con el papel social que tiene el resto del año la cultura árabe en nuestra ciudad. Badajoz posee una herencia árabe, pero vive ajena a este legado. El decorado del zoco anual es una fachada que blanquea y consuela nuestra memoria. El resto del día el musulmán, el marroquí, el moro ancestral queda relegado a una categoría secundaria. Persiste el recelo y la ignorancia.
Lo percibí de una forma latente, acechante, como el pitido de una olla, cuando Marruecos ganaba en los inicios del mundial de fútbol. Oía los comentarios de los alumnos, las pedradas verbales en sus conversaciones, el eco de siglos de rechazo persistente en la confusa memoria de los adolescentes.
La Al-Mossassa no educa, más bien refuerza el estereotipo y actúa de placebo moral con el que elevar nuestra conciencia. Es un tipo de comprensión blanda, cómoda, justificativa. Estética. Una estética prefabricada. De colonizador. Colonizador ignorante. Encapsular al otro en un cuadro estereotipado, confortable, que no exija desacomodar mis prejuicios.
Quizá ni siquiera el hombre de mi foto sea marroquí, argelino, sirio, libanés, egipcio o tunisino. Apenas hay en el zoco una veta de autenticidad. Solo extras improvisados. No la hay durante el resto del año en la ciudad. No hay convivencia inclusiva, beber juntos en la maqha, dialogar y aprender. Confiar. Mezclarse. Lo veo a diario en los ojos de mis alumnos, diversos, sí, pero encajonados como piezas de ajedrez en un juego sin empezar. Temerosos de mirarse a los ojos, de salir del barrio y conocer al que interpreto como hostil y extranjero.

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