Aburrirse
El aburrimiento es la digestión del cerebro. Atempera la voluntad, obliga a desplazar la mirada de lo cotidiano a lo desconocido. Como la fiebre, no es deseable, pero a posteriori agradecemos su mediación. No conozco a nadie que haya quedado suspendido en un infinito letargo de aburrimiento. Tarde o temprano, regresa al reino de las cosas, se afana en la rutina. Aburrirse no es cómodo, estira el chicle del tiempo, aumenta la densidad de los objetos, sume al cerebro en una neblina que aturde, de la que intentamos salir ingenuamente a machetazos. Del aburrimiento solo se sale entregándote a él, asumiendo su soberana autoridad, deslizándose sin resistencia sobre la espesura de pensamientos.
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